Elegir un Colchón Infantil


Dormir bien es fundamental para todos y en el caso de los niños más, debido a que se encuentran en una etapa de desarrollo del crecimiento en la que la elección de un colchón debe ser lo más acertada posible. Además,  a lo largo del día ellos gastan mucha más energía que cualquier adulto, por ello es indispensable que durante la noche descansen del mejor modo posible.


Para elegir un buen colchón infantil, sobre todo debemos fijarnos en que el mismo esté fabricado a partir de materiales naturales, a poder ser testados por organismos oficiales. Estos certificados garantizan la ausencia de sustancias nocivas en la composición de los colchones que pueden causar enfermedades respiratorias o alergias. Este factor es muy importante puesto que la piel de los niños es muy sensible y está en estrecho contacto con los materiales del colchón y, además, los contaminantes son particularmente peligrosos. 

Un producto de mala calidad provocará consecuencias negativas en la salud de los niños. Existe un colchón para cada tipo de cuerpo: no será lo mismo comprar un colchón para un recién nacido que para un niño de más edad, puesto que cada cuerpo y/o constitución exige una firmeza distinta
       

Durante los primeros años del crecimiento la firmeza del colchón debe ser alta. Esto se debe a que los niños se mueven mucho y a que crecen mientras duermen (en una noche su columna puede llegar a crecer hasta 1,5 cm), por lo que un colchón blando o mullido hará que se hundan, que adopten una postura antinatural y que, en consecuencia, se incremente el riesgo de sufrir problemas cervicales como la espalda curvada. Lo más recomendable es apostar por un colchón que ofrezca adaptabilidad sin renunciar a la firmeza, uno que por ejemplo sea de látex natural y que contenga un relleno de fibra de coco. 

Las tres etapas del crecimiento son: de los 0 a los 2 años, de los 2 a los 9 años y de los 9 en adelante. En el caso de utilizar colchones de cuna, se recomienda que la etapa de transición a la cama se produzca de los 18 a los 36 meses. Además, no se debe contemplar la adquisición de un colchón blando-medio o medio (consulta nuestra guía general de colchones para conocer los distintos grados de firmeza) hasta la tercera etapa, dicho de otro modo, los primeros diez años se debe dormir con un colchón firme o medio-firme como mínimo.

Como los colchones naturales para adultos, los infantiles también están elaborados con látex ecológico o con látex ecológico combinado con otros materiales de origen orgánico (fibra de coco, lana o algodón). Este tipo de colchones permite una buena regulación térmica, lo que facilita un sueño reparador, sano y sin interrupciones.  

                              

Los colchones naturales infantiles que encontrarás en Ekoideas son todos de origen alemán, fabricados a partir de materiales ecológicos con el firme objetivo de ofrecer el mayor confort y favorecer el desarrollo de los niños. La tres marcas con las que trabajamos son Prolana, Dormiente y Baumberger.


Hasta los 2 años de edad
Un bebé debe descansar sobre un colchón que cumpla tres características básicas: que sea hipoalergénico, que sea firme y que sea higiénico. Aunque la aparición de alergias puede producirse a cualquier edad, el mayor porcentaje se manifiesta durante los primeros años; debido a que la criatura acaba de nacer, debe permanecer en bases firmes que eviten que se hunda y tenga problemas para respirar al adoptar malas posturas; y también hay que tener en cuenta que a lo largo de esta etapa los niños duermen una media de 14 horas al día, más todavía durante los primeros meses, por lo que la higiene es un factor especialmente importante porque pasan gran parte del día en la cama o cuna. 

Un buen colchón de cuna debe estar fabricado sin sustancias nocivas, es decir, debe ser un colchón natural hecho con materiales orgánicos libres de contaminantes. Es muy común que estos colchones estén compuestos de látex natural (evita la aparición de hongos, ácaros, etc) y que contengan fibra de coco (le otorga la rigidez y la transpiración necesaria) combinados con otros materiales que ayuden a mejorar la absorción de la humedad y/o la transpiración como la lana virgen o el algodón orgánico. Con estas cualidades dispondremos de un colchón que evitará la aparición de alergias o reacciones cutáneas.




Otra condición indispensable, como decíamos, es que el colchón sea firme para evitar que el recién nacido se hunda o se ahogue. El colchón firme evitará estos problemas y también contribuye a prevenir el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). Una buena opción son los colchones con núcleo de fibra de coco ya que favorecen la ventilación y estabilizan la humedad. También son recomendables los futones de cuna hechos de algodón. No debemos confundir firmeza con dureza, ya que un colchón infantil debe ser firme a la par que suave.

Finalmente, un colchón de cuna debe ser higiénico debido a las secreciones de los bebés. Es importante que el colchón cuente con una funda exterior lavable -y a poder ser impermeable- para mantenerlo en las mejores condiciones. En este sentido se recomienda seguir unas pautas de limpieza estrictas: limpiar el colchón semanalmente, retirar y lavar la funda, ventilar el colchón sin funda durante dos horas y realizar este proceso siempre que se produzcan vómitos u otras secreciones. Si se precisa una funda impermeable, existen alternativas naturales como los cubrecolchones de celulosa.

Los modelos que recomendamos para esta etapa son los siguientes:

• Colchón de cuna Lara Plus (látex natural + fibra de coco)
• Colchón de cuna Ronja Plus (fibra de coco)
• Futón de cuna de algodón
• Futón de cuna de látex natural y algodón


Entre los 2 y los 9 años
En esta etapa se produce el primer gran estirón y es cuando toca dar el salto del colchón de cuna al de listones. Debemos asegurarnos que este colchón cumpla con las características ortopédicas necesarias para favorecer el desarrollo de músculos y huesos. Es importante, también, que exista una relación óptima entre firmeza y confort para lograr que el niño duerma cómodamente, ya que el confort de un niño al dormir es un factor determinante incluso para su crecimiento. Además, durante la fase final de este periodo es cuando el peso debe empezar a tenerse en cuenta. 

Lo que hay que buscar en un colchón infantil de los 2 a los 9 años:

• Firmeza. 
• Suavidad.
• Adaptabilidad.
• Transpirabilidad.
• Higiene.


En esta etapa de la vida, los niños duermen entre 10 y 12 horas debido a la gran cantidad de energía que gastan, y es habitual que se muevan mucho. Por eso, el colchón debe ser un lugar donde puedan descansar con total libertad de movimientos y, también, el soporte debe favorecer paralelamente el desarrollo físico. Es recomendable que el niño se quede siempre dentro del colchón, es decir, que las extremidades no sobresalgan durante el sueño (factor indicativo para las medidas del mismo), por eso ya es recomendable apostar por colchones de 1,90 m de largo. Un colchón con una firmeza alta garantiza una base homogénea y lisa sobre la que descansar, evitando puntos de presión y posturas incorrectas que deriven en un desarrollo inadecuado y se traduzcan en problemas de espalda o columnas curvadas que posteriormente hay que corregir. Un colchón excesivamente blando no es adecuado ya que si le permite hundirse más de la cuenta se podría entorpecer el crecimiento del niño, porque no hay que olvidar que es un proceso que se produce principalmente al dormir.

Conviene remarcar que un colchón infantil para niños de 2 a 9 años debe adaptarse a la forma del cuerpo en cualquier posición (de lado, boca arriba o boca abajo), garantizando que la columna vertebral se coloque de forma natural se duerma como se duerma

En cualquier caso, no es recomendable el uso de camas nido en las que el colchón reposa sobre una única tabla de madera impidiendo la correcta transpiración y aumentando la sudoración del niño. Se requiere un conjunto con una adaptabilidad climática óptima para que el descanso sea el correcto. Los niños sudan más porque su cuerpo todavía no puede compensar correctamente las fluctuaciones de calor ni se adapta bien a las temperaturas extremas. Para estos casos lo idóneo son los colchones con fundas de lana virgen porque este material natural es el que mejor absorbe la humedad. 



Por eso, el colchón debe ser fuerte, firme y adaptable a la morfología del niño. Los materiales más utilizados vuelven a ser el látex natural y la fibra de coco, ya que ambos garantizan adaptabilidad por un lado y firmeza por el otro. En cuanto a los acolchados de los núcleos, éstos deben ser de lana virgen o algodón orgánico (aunque fabricantes como Baumberger también incluyen el lino junto al algodón) para favorecer la transpiración y la regulación de la temperatura de forma natural. La fundas deben ser de algodón orgánico para otorgar suavidad y bienestar durante el sueño. Además, existen modelos de colchón con fundas extraíbles y lavables, muy indicados evitar las alergias y mantener una higiene óptima. 

Los modelos que recomendamos para esta etapa son los siguientes: 


De los 10 años en adelante
En este periodo debemos hacer una estimación morfológica del cuerpo y empezar a tener en cuenta el peso de los jóvenes adolescentes. Un niño de 10 años puede pesar de 30 a 45 kilos dependiendo de cuándo empiece a pegar el estirón, por lo que la compra de un nuevo colchón debe centrarse especialmente en el peso que tendrá dentro de un tiempo. En esta etapa los contornos del niño se acaban de formar y, por tanto, el colchón debe adaptarse a su morfología. Biológicamente se considera que el inicio de la pubertad empieza a los 12 años, y a partir de esa etapa se producen distintas fases de crecimiento que pueden hacer que se crezca mucho durante unos meses para después no hacerlo durante un tiempo. Esperar a que el niño o niña dé el primer estirón para cambiar el colchón puede ser un error, primero porque acostumbrará a crecer mientras duerma y segundo porque debe hacerlo en un colchón que se adapte a sus cambios.  

Por eso, los colchones para adolescentes y jóvenes ya tienen características parecidas a los colchones para adultos y la dureza del colchón ya no es tan importante como la adaptabilidad, la característica que permite mantener la columna vertebral en una posición natural, evitando así que aparezcan puntos de presión que supongan dolores en la zona cervical, dorsal o lumbar. Por este motivo, a diferencia de los primeros años, ahora ya puede empezar a considerarse un grado de firmeza medio o medio-firme para que el punto de apoyo del cuerpo sea flexible y estable. No obstante, ésta es aún una etapa de crecimiento y cada fabricante ofrece distintas propuestas. Los colchones que recomendamos son para jóvenes de hasta 85 kg de peso e incluso para adultos de peso ligero.



A estas edades la sudoración todavía es un factor característico del crecimiento, por lo que sigue siendo recomendable apostar por colchones que contengan fibra de coco y lana virgen para regular el clima y para la absorción de la humedad. Por eso los colchones para adolescentes todavía cuentan con acolchados de lana y algodón, y también existen modelos con fundas lavables de algodón indicados para alérgicos.  

Los modelos que recomendamos para esta etapa son los siguientes: 

Para maximizar las prestaciones y la durabilidad de un colchón, éste debe voltearse dos o tres veces al año de pies a cabeza si se utiliza por una sola cara, o de arriba a abajo si se utiliza por ambas caras. También es conveniente airear el colchón con cierta frecuencia, cada 2 o 3 meses. Para ello, basta con quitar la ropa de cama y permitir que el colchón respire aire puro durante unas horas (es suficiente con abrir la ventana del dormitorio). También debemos tener en cuenta que los colchones para niños y adolescentes deben cambiarse cada cinco años para coincidir con las distintas etapas de crecimiento.


Firmeza

Colchones naturales infantiles según firmeza:

H1. BlandoH2. Blando/medioH3. MedioH4. Medio/firmeH5. Firme

• Vario Solo
• Varia Lana
• Solana
N. Eco
Eco Plus

• Nele Plus
• Coco Kid
• Vario